y tambien queria decirle que hoy es

y faltan

para finalizar el dia.
   
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  Batalla del 30 de marzo
 

Batalla de Santiago (30 de Marzo)




(1844) (Santiago). Batalla librada entre las tropas independentistas dominicanas y las del general Pierrot, quien comandaba una columna del ejército invasor haitiano de Charles Herard. La acción se produjo a partir de las 3:00 p.m. del 30 de marzo de 1844. La plaza de Santiago estuvo defendida por tropas dominicanas bajo la dirección de José María Imbert, Francisco Antonio Salcedo, Fernando Valerio y otros oficiales. El numeroso ejército de Pierrot fue derrotado por los dominicanos. Pierrot tras enterarse de la falsa noticia que daba por muerto a Herard, se retiró dejando más de 600 bajas. A continuación el informe del General Imbert sobre dicha acción:
Relación de la Batalla del 30 de marzo, Dios, Patria y Libertad, República Dominicana, Santiago y Abril 5 de 1844 y 1º de la Patria. José Martí Imbert, General Comandante del Distrito y las operaciones de Santiago.
A los miembros de la Junta Central Gubernativa.
El mando provisional del Distrito y de las operaciones de Santiago me fue confiado el 27 de marzo próximo pasado, día de mi nombramiento; desde este día tomé todas las medidas necesarias para activar los trabajos de tres baterías, a las cuales se trabajaba desde algunos días antes con mucha lentitud. Di orden de montar sin dilación los cañones, a saber, una pieza de a 8 en la batería derecha, una de a 4 en la del centro y una de a 2 en la izquierda del lado del río Yaque, lo que se ha efectuado en mi presencia.
Por combate de Talanquera entre nuestras tropas avanzadas y las del enemigo que se había presentado con fuerzas superiores, supe luego que mis precauciones no eran inútiles. Nuestras tropas en número muy inferior, se vieron en la precisa necesidad de retirarse a esta ciudad, sin embargo de haber obtenido ventaja en este combate en el cual el enemigo ha experimentado algunas pérdidas.
El enemigo, disimulando con mucho cuidado su marcha, se dirigió con precaución sobre esta ciudad, no dejando a la vista sino algunos cien maroteros, pillando, incendiando y devastando los lugares. El 29 ordené al Coronel Pelletier, antiguo militar y guerrero en Europa, de salir a la cabeza de 400 hombres de infantería que debían al instante ser reforzados por 100 de caballería del Macorís. El 30, luego que el coronel iba a marchar con su tropa, fui prevenido que el enemigo avanzaba sobre Santiago y que no dilataría en presentarse. Juzgué conveniente dar el mando de todas las tropas que estaban en la sabana al dicho coronel, en el cual tenía entera confianza.

El Coronel escogió inmediatamente para su ayudante al comandante de ingeniería Archille Michell, dirigiéndole a la izquierda. Al instante rompióse el ataque.
Se había formado el enemigo sobre dos columnas de cerca de dos mil hombres cada una. La primera se dirigió rápidamente en buen orden a las armas al hombro procedida de un cuerpo de caballería hacia nuestra izquierda que era nuestro punto de defensa el más débil. El Coronel Pelletier por mi orden, y según el informe del Comandante Archille Michell que nuestra izquierda necesitaba ser reforzada, hizo transportar al paso de carrera, la mitad de nuestros hombres del centro, a la cabeza de los cuales se puso el Comandante Archille Michell; y fue tal el entusiasmo de los nuestros que los hombres que custodiaban la batería del centro, viendo a sus compañeros que iban a la izquierda, se precipitaron también, dejando esta batería casi sola. Al instante ordené al Coronel Pelletier que inmediatamente los hiciera reemplazar por otro destacamento. Seguidamente los nuestros vinieron a las manos con el enemigo, principió una fusilería bastante viva; el enemigo se atemorizó y retrocedió,quedando algunos de ellos muertos por nuestras lanzas y machetes.Volvió, sin embargo, con mucha intrepidez, principió el fuego de nuestras piezas y la mortandad del enemigo los hizo detener un instante en su marcha: su caballería fugó y no apareció más en toda la acción; pero poco después recobrando ánimo el enemigo, volvió de nuevo al ataque a paso de carga y en columna cerrada. Con el mismo vigor fue recibido por los nuestros y nuestra artillería le mató tanta gente, que renunció a nuevos esfuerzos de ese lado y se retiró para juntarse con la otra columna. El enemigo habiendo así reunido todas sus fuerzas, atacó entonces nuestra derecha tan furioso, que una docena de ellos vinieron a expirar al pie de nuestra batería de derecha, muertos por nuestros fusileros. Esta pieza hizo sufrir grandes pérdidas al enemigo; pero aunque rechazado, se presentó varias veces en buen orden. Por última vez se presentó en columna cerrada y nuestra artillería dejándose avanzar de frente, la pieza de la derecha tiró con metralla sobre esta masa e hizo al centro un claro espantoso, la pieza de izquierda ejecutó lo mismo y ocasionó al enemigo igual destrucción, de modo que la cabeza de la columna hasta su centro fue reducida como a veinte hombres, que nuestros soldados de la batería de derecha acabaron a tiro fusil.
Entonces el enemigo perdió enteramente el ánimo y cesó toda tentativa de ataque. El combate había principiado a las 12 y siguió hasta las 5 de la tarde. El enemigo mandó un parlamentario, y el nuestro salió a su encuentro al medio de la sabana a distancia entre los dos ejércitos.
Parece que el enemigo no tenía sino un conocimiento confuso de los acontecimientos de Azua en el día 19; pero después que nuestro parlamentario le hubo dado informes, no dio a entender que la parte del Norte, de Haití cansada del yugo de la del Sud, no estaba lejos de apartarse y de tratar con la República Dominicana.
Como era ya tarde y que se aproximaba en la noche, se terminaron las conferencias de este día después de una convención de parte y de otra de suspender toda hostilidad durante la noche y hasta el éxito de las conferencias que fueron transferidas para el día siguiente al amanecer.
El 31 por la mañana, después de varias conferencias, el General Pierrot, comandante en jefe del ejército haitiano del Norte, me escribió que se iba a retirar, pidiéndome la seguridad de poderlo hacer sin ser inquietado de mi parte. Le he respondido por la carta que va aquí adjunta; pero él aun no la esperó. Cuando se la demandé por nuestro parlamentario, ya se había retirado en el mayor desorden, abandonando sus calderos, tambores y una infinidad de otros objetos, y además víveres que le serán ciertamente de la más grande necesidad; y esto fue por un rumor que se esparció entre ellos de que el General Villanueva, de Puerto Plata, y el Teniente Coronel Francisco Caba, de la Sierra, venían por detrás a atacarlos.
El enemigo fue en su retirada atacado en varios puntos por los nuestros de la Sierra, y en todas partes le han muerto soldados. Tal es el éxito del ataque del ejército haitiano de que se nos amenazaba tan altaneramente.
El enemigo no dejó en el campo de batalla menos de 600 muertos, y según el efecto que produjo la metralla, el número de sus heridos ha de ser mucho mayor, el camino que sigue en su retirada no es sino un vasto cementerio.
Por una protección manifiesta de la Divina Providencia, el enemigo ha sufrido semejante pérdida sin que nosotros hayamos tenido que sentir la muerte de un sólo hombre, ni tampoco haber tenido un sólo herido. Cosa milagrosa que sólo se debe al Señor de los ejércitos y a la justa causa!

 
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